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LIDERAZGO DEL DOCENTE DE EDUCACION INICIAL PDF Imprimir E-mail
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El liderazgo del maestro de educación inicial, de acuerdo con Villegas (2003), deberá orientarse en un marco de participación comunitaria, con instancias de integración con la comunidad y grupos sociales, para que sea un contribuyente de la gestión de proyectos tendentes al mejoramiento de las condiciones de vida de sus integrantes; sin embargo, de acuerdo con Cepeda (2004), el liderazgo educativo en la gran mayoría de las naciones de América Latina, no se está logrando en el área geográfica de la escuela, porque el maestro no interactúa con los grupos sociales urbanos, haciéndose más crítica en zonas rurales.

El líder en forma general, ha sido conceptualizado desde distintas perspectivas, por lo que cuando se trata de conceptualizarlo, se ha incurrido en los riesgos de hacerlo en exceso o por efecto. Al respecto, se puede indicar, que es un fenómeno universal, con características humanas, tendentes a registrar  experiencias en función de la acción de grupos, que se organizan, realizan actividades y tienen objetivos concretos. El maestro líder de una comunidad está sustentado en enfoques teóricos del liderazgo. Entre estos, se analizan la de los rasgos del liderazgo, conductuales, contingencia y situacional.

El enfoque de la teoría de los Rasgos del Liderazgo de Kilpatrick (1991), emitió entre sus postulados:
Los líderes se diferencian de los sujetos, líder por la demostración de un elevado nivel de impulso, provocado por un deseo de logro y persistencia. Mantienen un deseo de dirigir o influir sobre otro individuo con disposición para asumir responsabilidades. Construye relaciones de confianza, porque es honesto e íntegro. Demuestra su autoconfianza, inteligencia y un amplio conocimiento relacionado con los objetivos propuestos por el grupo (p. 314)

Al respecto, tal enfoque teórico, está asociado con el liderazgo exitoso, fundamentado en cualidades del sujeto basadas en rasgos o características personales. Este presupone que el líder, tiene ciertos rasgos innatos. Por esto, se comparan los atributos del líder que en el caso del maestro de educación inicial, necesariamente deberán atender a tales rasgos, porque además de caracterizarlos, permite establecer la diferencia con el resto de los maestros. En ese orden de ideas, se debe señalar que el aporte del teórico Kilpatrick (1991), es significativo, pero se ajusta mayoritariamente a los líderes empresariales, porque en el campo educativo, se supone que el maestro debe ser poseedor de tales atributos.

Uno de los enfoques teóricos del liderazgo conductual ha sido propuesto por Tannenbaum y Weschler (1993), conocido como Teoría Conductual , la cual toma como característica la actuación de la persona ante la insuficiencia de los rasgos para explicar el liderazgo, porque se ignoran las acciones conductuales. Entre algunos de los postulados se enuncian:

En lugar de tratar de indagar cuáles son las características del líder, es más importante detectar qué hace y cómo efectuar las labores, dentro de un estilo determinado. El liderazgo conductual permite proporcionar la base para seleccionar a las personas que asuman funciones formales en las organizaciones (p. 216)

Sobre ese particular, el liderazgo conductual está orientado al hacer del líder, sobre la base de un estilo orientado a la realización de tareas, se le concede mayor importancia a incentivar a los miembros del grupo, que a controlarlos. Las conductas a diferencia de los rasgos, se pueden aprender, pero deberá estar afianzado de acuerdo con Cáceres (2005), en el respeto y la adopción de un comportamiento ajustado al desempeño laboral. Sobre ese aspecto, se debe señalar que el maestro líder, deberá estar contextualizado dentro de un ámbito de respeto y un comportamiento basado en el hacer laboral. Esto no sólo se ajusta al educador, sino también a todo tipo de líder.

Otro enfoque teórico del liderazgo es el situacional, centrado en lo que se denomina enfoque de contingencias. Stonner, Freeman y Gilber (2000), reportaron:

Ciertos investigadores de los enfoques de los rasgos y conducta del líder demostraron que el liderazgo efectivo depende de muchas variables, por lo que es necesario identificar los factores de cada situación: a) requisitos de las tareas; b) expectativas y conducta de los compañeros; c) características, expectativas y conductas de los empleados; y d) políticas y cultura de la organización (p. 525).

Atendiendo a ese reporte, se debe indicar el Modelo del Liderazgo Situacional de Hersey y Blanchard (1978), citado por Cepeda (2004), en el cual se resalta como postulados: El liderazgo situacional es aquél que está definido por la disposición del líder con deseo de superación, voluntad para aceptar responsabilidades y capacidad centrada” (p. 178). Este modelo de liderazgo situacional, ha despertado gran interés, porque está centrado dentro de un enfoque dinámico y se apoya básicamente entre otros factores en el saber sobre las cosas y actuación.

Efectuándose un análisis crítico de los enfoques teóricos del liderazgo, se debe reportar que en conjunto, para un momento dado han efectuado aportes a las organizaciones y en el caso del maestro líder emergente de una comunidad descentralizada en desarrollo, se debe señalar que no es oportuno no fundamentarla, en uno específico, porque al traspolarse el desarrollo de las actividades comunitarias, que debe realizar el maestro, en función de las líneas estratégicas de promoción del desarrollo local, participación comunitaria, organización comunal y cultura local, requiere de rasgos específicos que lo puedan caracterizar como fortalezas fundamentales. Así mismo, se tiene la necesidad de adoptar un comportamiento que se concentre en propiciar respuestas prácticas y un desempeño eficiente con base en sus funciones.

Al señalar estas teorías, se debe señalar que el liderazgo implica una relación entre el líder y el grupo, que es influido por éste. Esto significa que cuando un conductor es líder, forma con su grupo un equipo, que formula y logra objetivos, que dejan de ser externos, porque sabe hacerlos suyos y de sus seguidores.

Líder, de acuerdo con Alcántara (2003):
Es la capacidad de un individuo para conductor grupos y obtener de ellos respuestas deseadas, tendentes a establecer esfuerzos cooperativos a través de los cuales pueden alcanzar propósitos comunes, que individualmente no es factible lograr, porque se requiere de la participación de sus miembros (p.32)

De esa definición, se desprende que el liderazgo está centrado en la conducta humana, factor básico para la consecución de los propósitos. Es el factor en el cual actúa de manera decisiva en el logro de esfuerzos cooperativos, de allí que en su acción ante un grupo, puede desempeñarse en cualquier nivel personal y organizacional. Se encuentra íntimamente vinculado organizacionalmente, ya   que en toda institución se forma para cumplir una función específica, coordinándose su acción para el logro de propósitos comunes, previamente establecidos.

El líder según Ventura (2002) es un individuo, que por tener una capacidad especial, puede captar lo que sus compañeros piensan. Descubre la manera de ayudarlos a satisfacer sus aspiraciones con mayor rapidez y perfección Sobre la base de esta definición, se puede señalar que el líder puede considerase un sujeto, que estimula y dirige los esfuerzos de su grupo, para la ejecución de tareas, que aparece como consecuencia de las necesidades de éstos y de la naturaleza de la situación en la cual se actúa. Es el que dirige mediante un proceso de acción recíproca, donde un individuo influye con un fin particular, generalmente por medio de la palabra en la conducta de los otros, y al respecto, Cáceres (2005), señaló, la aceptación del principio general de que el liderazgo depende de la situación, tanto como de la personalidad real o potencial.

En esa circunstancia, se debe señalar, que entre los tipos de factores situacionales a los cuales puede atribuirse importancia para el estatus y su conducta, se pueden dictar los referidos por Fonseca (2002): (a) la naturaleza del grupo, específicamente del problema grupal; (b) las características personales de los miembros del grupo; (c) el carácter de la organización; y (d) la influencia  externa ejercida sobre el grupo. En esta dirección de ideas, la conducta del líder está definida por el rol que desempeña, que deberá estar circunscrito a las expectativas del grupo. Esto es de significación para el líder, porque está determinado por su rol, el cual le orientará sobre la forma en que debe ejercer su liderazgo.

Lo anteriormente indicado, establece una diferencia entre el jefe de una institución y el líder, aunque el primero, debe ser un líder, cuyos roles están prescritos por las reglas, reclutamiento y conducta del cargo, que se mantienen abiertos a las diversas elaboraciones de quienes los ocupa; en tanto, que el segundo, se le establece porque se gana la adhesión con la posibilidad de establecer las pautas, teniendo la responsabilidad de mantener voluntades leales de sus seguidores. Desde ese punto de vista, de acuerdo con Abuchaibe (2003), la conducta o roles de los líderes pueden ser flexibles o rígidas:

Si el líder está determinado por el rol que desempeña, si es rígido y se desempeña como se le exige, sin crear nada nuevo, lógicamente este individuo es sólo un símbolo o carente de autoridad. En el otro extremo se tiene el líder que determina su rol, si es flexible y su actuación tiene un estilo personal, se excederá de lo que se espera, sacará su mejor partido de las oportunidades (p. 71).

Considerándose esa posición, se puede destacar, que si el líder asume ampliamente su rol, puede modificar ciertos aspectos, ya instituido, crear otros nuevos, seleccionar y formar a su grupo. El líder, según el uso que haga del contexto de acuerdo con Villafaña (2004), puede ser:

Líder institucional rutinario: es el que no crea su rol ni su contexto institucional, sino que entra en la organización en forma hereditaria. El líder creador: es el innovador dentro de un contexto institucional ya  existente, crea un nuevo rol, lo desempeña, monopoliza sus funciones dentro de un contexto que actúan los mecanismos de creación.
El líder precursor: crea su rol pero no hay oportunidades institucionales para lo que él desempeña, son inadaptados a su tiempo, no tienen poder (p. 43)

También, Abuchaibe (2003) tipifica al líder por el uso que haga de su autoridad, en autocrático, democrático y laissez-faire).

El líder democrático, es aquél que aprecia las diferencias individuales, poseedor de cualidades humanas de simpatía y comprensión. Cree firmemente en las normas y en el orden. No se entrega a la adulación del grupo. Es un símbolo de las cualidades esenciales de la vida democrática, toma decisiones conjunta con su grupo y propicia la participación de los miembros del grupo. El líder laissez-faire  es la persona que deja sus responsabilidades y decisiones al grupo. No orienta, ni induce a crear expectativas. No estimula a los integrantes del grupo. Deja hacer lo que cada quien desea. Por otra parte, el líder autocrático, es el sujeto que no delega. Cree que él es el mejor y más capacitado para todo de acuerdo a lo expuesto por Sangroni (2003).

Pero para Chávez (2003) un buen líder:
Se caracteriza por conocer el contexto donde lideriza. Se le respeta y admira. Trabaja con entusiasmo, es hábil y competente. Maneja las técnicas grupales y las fuentes de información y comunicación. Es democrático sin buscar la popularidad. No engaña. Planifica su trabajo, lo organiza, asigna responsabilidades, establece el tiempo del desarrollo de actividades, las controla, supervisa y las evalúa. Reconoce el mérito de los miembros del grupo. (p. 5)

Luego de presentarse una visión general del líder, se procede a explicar el liderazgo educativo, que se considera, un profesional con una serie de condiciones, competencias en función de los conocimientos, habilidades y actitudes propias para dirigir grupos, quien no muestra preferencias por planteamientos, disposiciones y prácticas que no respondan a los genuinos intereses educativos. El líder educativo, de acuerdo con Chávez (2003):

Es el dirigente o profesional de la educación que ayuda a su grupo a cumplir eficientemente las funciones que le corresponde desarrollar dentro de su ámbito laboral, demostrando un elevado nivel de conocimiento, conducta académica-administrativa, ejemplar, de excelentes habilidades verbales, que tiene el propósito de lograr éxitos de una alta misión ductora. Es responsable y cumplidor en alto grado de las funciones y normas del cargo. No es violento. Es equilibrado y negociador (p.4).

Considerándose esas características del líder educativo, de acuerdo con Martínez (2003), las naciones del mundo, han conferido a la educación de las futuras generaciones y por ende a sus maestros, como líderes emergentes, la responsabilidad del enriquecimiento y fortalecimiento de la cultura de sus pueblos.

Estos maestros líderes educativos, deberán inspirarse en su actuación o desempeño laboral, sobre la base de la orientación del nuevo rumbo globalizado, problemas de supervivencia y crisis institucionales humanas, como la familia y la comunidad, iglesia, organizaciones educativas y políticas según lo expone Ventura (2002). Esto hace que se establezca la urgente necesidad de que se fije  la atención sobre las bases de la convivencia humana, para orientar la solidaridad, justicia y respeto, entre otros valores.

Con lo expuesto se detecta la necesidad de hacerle frente al reto de redefinir los valores de la familia, la escuela y otras organizaciones, así como de implementar estrategias y tácticas educativas para que se responda a las necesidades de este nuevo tiempo, caracterizado por cambios que se han generado en las comunidades.

Sobre ese particular, Alcántara (2003), reportó:
Se reconoce el esfuerzo de los gobiernos de las naciones para transformar sus sistemas educativos, en la búsqueda del mejoramiento y afianzamiento de los valores fundamentales, pero diversas investigaciones revelan que han fracasado en esto, por lo que se recomiendan que sean los maestros los contribuyentes para la transformación de la sociedad y las comunidades. Se requiere que el maestro sea un líder emergente, que promueva y consoliden los valores en la escuela, familia y comunidad (p.45).

Lo anteriormente señalado, es válido y se acepta tal posición, porque el maestro como líder emergente a través de la relación educador – educando – comunidad, podría participar activamente en la construcción de tal sociedad solidaria, y ante las dificultades crecientes de la población, en cuanto a desigualdades frente a la delincuencia organizada. Es innegable que esto,  enfocar todos los esfuerzos del líder maestro en lograr cambios en la motivación laboral, en las actividades y en las conductas, ya sea a nivel individual o grupal; fomentando en todo caso, las relaciones humanas, respeto a la ideas, cumplimiento de las funciones inherentes al cargo y desarrollo de procesos comunicacionales. La esencia del liderazgo indicado, es la influencia interpersonal que compromete al influyente en un intento de afectar la conducta del influido por medio de la comunicación. En ésta esencia, se establece una distinción entre poder y liderazgo. Poder es el potencial para la influencia; sin embargo, aún cuando un individuo pueda poseer considerable poder en relación con otro, por numerosos motivos (valores personales, aparente falta de necesidad de hacerlo, juicio erróneo) puede no utilizar el poder del cual dispone. Un acto de liderazgo, refleja aquella parte de poder disponible que un sujeto decide emplear en un momento dado.

Debería observarse en contraposición con el punto de vista precedente, que el concepto de poder connota frecuentemente un potencial para la coerción, basado en la fuerza física, la presión social informal, la ley y la autoridad. En la realidad, un líder educativo dado, dispone típicamente no sólo de estas fuentes externas que le confieren poder, sino también del poder derivado de recursos internos, tales como la comprensión, la flexibilidad, metas propuestas y éticas. Todos los actos del líder educativo emergente, están orientados hacia el logro de metas. Se vale de su influencia para alcanzarlas. Estas metas pueden ser organizacionales, de grupo y personales del seguidor. Por ello, Villafaña, (2004) plantea que “La eficacia de cualquier intento de influencia debe valorarse en relación con las metas propuestas” (p. 82).

En todos los tiempos, se ha considerado al maestro como líder, por la capacidad que tiene de influir en todos los que están a su alrededor, por los conocimientos y habilidades que posee, y por la capacidad de formar a otros. Al respecto, expresa Casares (2000), que el perfil de los maestros que pueden lograr la transformación que requiere el sistema educativo, exige un alto compromiso hacia ellos mismos y hacia la comunidad escolar, reportó que el maestro tiene un nuevo papel, por cuanto dirige, orienta, vincula, da sentido y fortalece los esfuerzos de todos, comenzando por sus alumnos, hacia la sociedad, en un continuo aprendizaje, con solidaridad comunitaria para construir un mundo mejor para todos en el presente y para el futuro.

En tiempos pasados, Prieto (1978), citado por Ríos (2005), exponía que al maestro debía prepararse para cumplir con la labor de dirigir y planteaba que es quien está en la posibilidad de enseñar el camino a los otros, influyendo dentro de su grupo local para mantener una constante actividad de progreso y perfeccionamiento. En este sentido, se plantea un líder emergente, un líder comunitario que trabaje por y para el desarrollo de una comunidad descentralizada, donde los procesos de autogestión y cogestión partan de ellos mismos, de los activos involucrados en los procesos.

Para Canadell (2005), el maestro líder es un intelectual que posee una visión crítica y la habilidad y conocimiento necesarios para crear y facilitar espacios para la participación y el cambio. Desde la Universidad, por ejemplo, preparar y desarrollar líderes educativos, incluye la organización de programas que no sólo provean conocimientos y habilidades necesarios, para funcionar  efectivamente y eficientemente, pero que sobretodo tenga una visión, una serie de actitudes, una variedad de perspectivas que provean una sólida base para cambiar y transformar las formas en las cuales la escolarización, las políticas educativas, los currículos, la enseñanza y el aprendizaje han constituido la práctica cotidiana, fundamentalmente en el aula y en cómo un docente líder tiene poder en el aula para llevar adelante esa transformación.

 En particular, esto es importante para aquellas comunidades e individuos que no han tenido y no tienen oportunidades de insertarse, escuelas que no tienen enciclopedias o libros, aulas inseguras, donde haya pobreza, marginación y alineación que son constantes dentro y fuera de ella. Estas personas tienden a perpetuar su propia miseria. Sin acceso a una educación docente, por tanto, es imprescindible que el líder educativo posea el entendimiento, el conocimiento, la visión, los hábitos de pensamiento y acción, la disposición de indagar, cuestionar y problematizar, la inclinación a tomar riesgos y a experimentar y evaluar consecuencias, las habilidades para crear espacios y prácticas que sean cuidadosas, dedicadas, respetables y respetuosas, confiables, estimulantes, preocupadas y que contribuyan a desarrollar comunidades de aprendizajes donde se avancen la democracia, la equidad, la diversidad y la justicia social.

La responsabilidad del maestro líder, es imaginar y construir nuevas posibilidades dentro y fuera de las instituciones existentes, y en organizaciones formales e informales. Esto significa entre otras cosas, la necesidad de colaborar, trabajar en equipo, esforzarse por el bien común por encima del beneficio personal.

Un maestro líder, demanda la creación de condiciones que aseguren una participación amplia, constante, prolongada y tomar decisiones cotidianas sobre qué enseñar, cómo enseñar y a quién enseñar para crecer y para aprender. Esto incluye respetar, escuchar, intercambiar y la posibilidad de que todos enuncien sus perspectivas eliminando lo más posible las diferencias que surgen por razones de edad, género, nivel educativo, cultura, etnia y habilidad.

Para Abuchaibe (2003) el maestro como líder de una comunidad es aquel sujeto que aboga por la transformación de escuelas y de clases, entre otras cosas, a través de la adopción de comunidades de aprendizaje en tres sentidos:

1. Asumir que el aprendizaje ocurre en comunidad, donde las ideas son  exploradas, debatidas, construidas desde múltiples perspectivas.
2. Las comunidades locales y globales tienen que ser utilizadas como fuentes de aprendizaje. Esto se refiere al aprendizaje de los lugares donde se habita, usando sus recursos, organizaciones, medio ambiente, historia, cultura, lengua, tradiciones y las rutinas cotidianas. Ciertamente se tiende a aprender primero en los lugares inmediatos y las diversas comunidades a las que los estudiantes pertenecen, comunidades no sólo geográficamente, sino también de tono étnico, religioso, cultural, deportivo, recreativo, profesional, físicas o virtuales hoy día, y luego a dimensiones más complejas a nivel nacional, global y universal.
3. Una comunidad de aprendizaje es también una oportunidad para aprender a vivir en comunidad. En ese orden de ideas, se plantea que los sectores populares siempre tienen metas de alguna reivindicación, por cuanto todo gira en torno a las carencias que acompañan la vida diaria, por las necesidades que son el resultado del abandono del estado, al no darle cumplimiento a las promesas ofrecidas al ciudadano común, sobre todo a los de menor ingreso económico, para que puedan mejorar su calidad de vida. (p.45)

Al respecto, Aguilar (1997), señala que “el maestro líder comunitario, está referido con actores y proyectos en el campo social, también la autogestión a partir del protagonismo acompañados por ejes de capacitación y asesoramiento que enseñan afectivamente a participar, a negociar y a construir consensos (p.21). Por esta razón, el maestro como líder emergente de su comunidad, asume un rol protagónico en las reivindicaciones de una barriada o sector, a través de la integración y articulación de todos los miembros, logrando la formación de personas capaces de plantearse metas, objetivos, proyectos de dimensión histórica. Su actuación implica la sensibilización para el padecimiento ajeno, con un nivel de conciencia de alto valor, para formar y orientar nuevos líderes comunitarios que promuevan la participación, el cooperativismo y la solidaridad; estimando el sentido del propósito compartido que conlleve a la organización altamente funcional.

 


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